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Avanzando en la reformulación de las finanzas globales en un mundo con “poli crisis”

El sistema monetario internacional actual surgió de la Conferencia de Bretton Woods en 1944, cuando varias potencias imperiales todavía gobernaban la mayor parte del globo.

El sistema de Bretton Woods se ha ajustado ocasionalmente para reflejar la aceleración de la globalización y la profundización de la interdependencia económica de los países, sin embargo, ha amplificado las fluctuaciones del ciclo económico y ha perpetuado la dicotomía de los países desarrollados y en desarrollo.

Si la economía mundial quiere evitar una fragmentación más profunda en esta nueva era de multipolaridad y competencia geopolítica, se necesitarán reformas importantes para corregir los defectos estructurales del actual sistema financiero. Existen altos costos asociados con la dependencia excesiva de unas pocas monedas de reserva, Al generar modificaciones actualizadas a los tiempos que corremos, estas correcciones podrían ayudar a muchos países a manejar los shocks, especialmente en el contexto de las economías emergentes que enfrentan salidas de capital potencialmente severas cada vez que las principales economías avanzadas como Estados Unidos endurecen la política monetaria.

Dos de los ajustes más importantes del sistema original de Bretton Woods se produjeron a principios de la década de 1970 con la transición de tipos de cambio fijos a tipos de cambio flotantes y con la suspensión de la convertibilidad del dólar americano en oro.

Si bien el fin del patrón oro mejoró la liquidez global, creó sus propios desafíos al aumentar la volatilidad de los flujos de capital a corto plazo e introducir el riesgo de interrupciones repentinas. En casos extremos, los países vulnerables se han enfrentado a fuertes depreciaciones de la moneda, acceso limitado a financiamiento externo, altos costos de financiamiento y una mayor probabilidad de incumplimiento de pago de su deuda externa.

En ausencia de la disciplina fiscal impuesta por la convertibilidad del oro, la persistencia de los desequilibrios macroeconómicos globales ha resultado costoso y difícil de revertir, como lo están mostrando las experiencias de muchos mercados en la guerra comercial entre Estados Unidos y China.

Cuando se consolidó el dominio del dólar después de la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos emergió como el banquero mundial de facto y el principal proveedor de activos seguros. Alrededor del 60% de las reservas de divisas en poder de los bancos centrales en la actualidad se mantienen en instrumentos en dólares, y el dólar participa en más del 90% de las transacciones extrabursátiles en los mercados de divisas.

El papel inigualable del dólar en los pagos comerciales refuerza su dominio en los mercados financieros y viceversa. Pero si bien la supremacía del dólar era económicamente justificable en las décadas posteriores a la Segunda Guerra Mundial, cuando Estados Unidos era el centro de fabricación del mundo y el país comercial más grande, se ha vuelto menos justificable con el ascenso de otras economías. Esto es particularmente cierto a la luz de la creciente difusión de la tecnología y el papel cada vez mayor de los bienes intermedios a través de las cadenas de valor globalizadas.

Antes del año 2000, Estados Unidos era el principal socio comercial de más del 80 % de los países del mundo. Hoy, ese número se ha reducido a menos del 30%, porque existen muchos países que ahora cuentan con China e India como sus socios comerciales más importantes. Por lo tanto, los cambios en la dinámica del comercio mundial están intensificando la búsqueda de una diversificación de las monedas de reserva, con un aumento del comercio bilateral entre un número creciente de países que permitan rendimientos a escala en el uso de sus respectivas monedas en lugar del dólar americano.

Debido al fuerte vínculo entre la facturación, el traspaso del tipo de cambio y la fijación de precios al mercado, muchos exportadores ahora optan por su moneda local con el fin de mitigar el riesgo cambiario. Los estudios que utilizan modelos de equilibrio parcial donde el análisis solo considera los efectos de una acción normativa determinada en el o los mercados directamente afectados, sugieren que las exportaciones de productos diferenciados con características diferentes y donde la marca es importante tienden a facturarse en la moneda del exportador, mientras que los bienes homogéneos que tienen el mismo tipo, tamaño y calidad y el precio es importante, suelen facturarse en una moneda internacional, en particular el dólar americano. Cuanto más diferenciado sea el producto de exportación, menor será la elasticidad de la demanda y mayor el poder del exportador para facturar en su propia moneda.

Un sistema multilateral de reservas que aproveche los avances en la digitalización, incluidas tecnologías innovadoras que moderan la fricción y aumentan la eficiencia de los mecanismos de pago y liquidación transfronterizos, podría ayudar a superar estas desigualdades estructurales y reducir la escala de los desequilibrios macroeconómicos globales al promover el equilibrio en el comercio global. También haría que el sistema monetario internacional fuera más seguro y lo liberaría de la restricción perenne de la escasez de activos seguros que impulsa la salida de capitales.


Pero en un mundo de crisis permanentes, de tensiones geopolíticas intensificadas y competencia monetaria, la transición a este tipo de sistema debe gestionarse adecuadamente. A medida que avanza el ciclo actual de ajuste financiero mundial, una nueva emisión de derechos especiales de giro (DEG) del Fondo Monetario Internacional no utilizados a los países en desarrollo contribuiría en gran medida a aliviar las restricciones de liquidez asociadas con las presiones de la balanza de pagos. Los beneficios, en términos de estabilidad financiera global, serían significativos, tanto en el corto como en el mediano plazo, porque los países tendrían más espacio fiscal para evitar nuevas crisis de servicio de la deuda soberana. Los países de ingreso medio representan el 75% de la población mundial y aproximadamente el 30% de la demanda agregada mundial. Lo que es más importante, los países de ingreso medio representan el 96% de la deuda pública de los países en desarrollo.

Asimismo, ampliar los acuerdos bilaterales de intercambio de divisas a más países en desarrollo y hacer que estos acuerdos sean permanentes, reduciría aún más las restricciones de liquidez y el riesgo de rebajas procíclicas, que de otro modo aumentarían los costos de endeudamiento y excluirían a los países de los mercados de capital.

Igualmente útil sería acelerar el proceso de profundización del mercado financiero y la integración regional, incluso a través del desarrollo de mercados de bonos, repos y derivados en moneda local para protegerse contra el riesgo cambiario. Apoyar el crecimiento de los mercados de transacciones directas bilaterales también es fundamental, ya que esto crearía mercados de divisas nacionales y reduciría los costos de transacción asociados con las monedas locales, así como los costos de cobertura a través de contratos a plazo.

En el corto y mediano plazo, el FMI podría ayudar a desbloquear las líneas de intercambio brindando garantías para mitigar el riesgo de las contrapartes. También podría ayudar en la transición hacia un sistema multipolar mediante el fortalecimiento de la red de seguridad financiera mundial, lo que promovería el crecimiento de los acuerdos de reparto de reservas y facilitaría la multi lateralización de nuevos acuerdos y a medida que más países comercian en sus propias monedas, la comunidad internacional podría recurrir a tecnologías financieras para suavizar la transición hacia medios de arreglo internacional políticamente neutrales.

Las innovaciones financieras facilitadas por la tecnología ya están logrando reducciones significativas en los tiempos de liquidación, de 2 a 3 días a menos de diez minutos, y los costos de transacción han caído del 6% del valor de transferencia a menos del 1%.

Entonces, el desafío para la comunidad internacional es establecer un marco común para la interoperabilidad, de modo que varias monedas puedan funcionar en una sola cadena de bloques.

Los resultados preliminares de los experimentos realizados por el Banco de Pagos Internacionales son alentadores y muestran que los bancos centrales pueden recurrir a una tecnología de contabilidad distribuida autorizada, restringida a partes confiables, lo que permite a los bancos y proveedores de pagos realizar transacciones directamente en dinero del banco central en múltiples monedas.

El BIS Innovation Hub ubicado en Basilea, Suiza; desarrolla estudios públicos en el espacio tecnológico para apoyar a los bancos centrales del mundo con el objetivo de mejorar el funcionamiento del sistema financiero. El BIS realizó investigación empírica colaborativa con diez bancos centrales y demostró que el desarrollo de herramientas para monitorear mercados financieros en tiempo real como Rio y Samba, el uso de criptomonedas y finanzas descentralizadas del tipo Atlas y otros fines regulatorios como Elipse pueden ofrecer pagos transfronterizos más rápidos, más baratos y más transparentes, así como entregar respaldo a las complejas cadenas de valor globales. En combinación con herramientas como las técnicas de hash criptográfico donde el mismo mensaje de entrada siempre producirá el mismo hash de salida y las pruebas de conocimiento cero que autentican la información confidencial sin revelarla ni permitir que se vea comprometida, son desarrollos que podrían integrar tanto la ciberseguridad como a la protección de la privacidad y posicionaría a estas alternativas digitales emergentes como opciones serias para una transición sin problemas a un sistema monetario multipolar globalmente integrado.

Al aliviar las fricciones relacionadas con los pagos en el comercio internacional y hacer que los sistemas de pago nacionales sean más resistentes, los avances en las tecnologías digitales han hecho posible esa transición. La tarea fundamental para los reguladores y los banqueros centrales es fortalecer su colaboración para minimizar los riesgos inherentes y maximizar el impacto social y de desarrollo. Aún más importante, deben trabajar para diseñar un marco regulatorio aceptado a nivel mundial que garantice que los riesgos de fragmentación no socaven las importantes ganancias de eficiencia esperadas.

Fortalecer el compromiso de la comunidad internacional con la democratización del sistema financiero internacional es fundamental y debe seguir siendo una alta prioridad.

Con el mundo cambiando irreversiblemente hacia una mayor multipolaridad, renovar la gobernanza de las principales instituciones financieras internacionales para dar cuenta de las nuevas realidades es fundamental para renovar su credibilidad y legitimidad. En el caso del FMI y el Banco Mundial, los pilares más importantes del sistema de Bretton Woods, esto significará modificar los mecanismos de asignación de cuotas y recaudar recursos adicionales para brindar un apoyo sólido y rápido a sus miembros.

Para el FMI, respaldar esta transición a través de una evaluación de riesgos en tiempo real y una ponderación del tipo de cambio actual reduciría el riesgo de episodios especulativos desestabilizadores y, en última instancia, aumentaría su papel como prestamista mundial de último recurso.

El mundo ha cambiado drásticamente desde 1944, y sus instituciones clave deben reflejar esto. Ampliar la emisión de monedas de reserva contribuiría en gran medida a restaurar la confianza en el sistema financiero internacional.

Generar interoperabilidad es algo complejo, pero sus beneficios serían amplios y profundos. Los compradores y los proveedores probablemente gozarían de más liquidez, menores costos, menos complejidad y un mayor acceso al crédito y a mercados de empresa a empresa. Un sistema de finanzas comerciales mejorado e integrado podría atraer a inversores institucionales que hasta el momento se han mantenido en gran medida al margen. Los proveedores de logística, que en muchos casos todavía usan papel, se beneficiarían de los costos reducidos y de una mayor seguridad y eficiencia que resulta de documentos comerciales estandarizados. Y los gobiernos y los reguladores tendrían acceso a más y mejor información para respaldar la colaboración con actores financieros y potencialmente destrabar un financiamiento extra.

Más allá de esto, las innovaciones en la cadena de bloques y en la digitalización pueden mejorar significativamente el sistema de finanzas comerciales global, y garantizar que los beneficios se extiendan a las empresas de todos los tamaños y a los consumidores en todo el mundo.

Después de la ola de descolonización que siguió a la Segunda Guerra Mundial, cada día es más necesario generar una iniciativa global que permita modificar el sistema actual de las finanzas, especialmente en un mundo cada vez más multipolar.



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