Cómo se levantarán los países: Pelotas de tenis o copas de vino

Cuando arrojamos una pelota de tenis al piso, rebota. Pero si tiramos una copa de vino, se hace trizas. Las economías de muchos países están en caída libre. 

¿Rebotarán o se harán trizas? ¿Qué se puede hacer para garantizar una recuperación sólida?

Los países difieren drásticamente en la efectividad epidemiológica de sus medidas de salud pública. Los severos confinamientos en América Latina y Sudáfrica han sido menos efectivos en general que en Europa. Varios factores pueden entrar en juego: la estructura, tamaño y espacio de los hogares; las características del sector informal, del transporte y del comercio minorista, y las prácticas sociales.

Otras dos dinámicas afectan a los países de manera diferente: la caída de los ingresos extranjeros debido a un menor volumen de exportaciones y del turismo y el acceso al financiamiento internacional.

Los países no sólo difieren en el tamaño de estas crisis sino también en su capacidad para hacerles frente. Algunos países han movilizado recursos fiscales sin precedentes para apuntalar a hogares, empresas y bancos. Otros no han tenido suficiente espacio fiscal. Algunos países tienen tipos de cambio flotantes y bancos centrales creíbles, lo que les permite llevar a cabo una política monetaria independiente, reducir las tasas de interés e implementar un alivio monetario cuantitativo. Otros tienen tipos de cambio fijos o están dolarizados, limitando seriamente sus opciones.

El impacto económico de la pandemia es multifacético. Los confinamientos fueron esencialmente un shock de oferta laboral donde la gente no podía ir a trabajar y un shock de demanda que afectó a los colegios, las universidades, el turismo, el entretenimiento, los restaurantes y bares y cualquier actividad que requiera una interacción física. La imposibilidad por parte de los hogares y de las empresas de pagar el arriendo, cumplir con los créditos, pagar sueldos e impuestos; desató una cascada de cierres de empresas, pérdidas de empleos, cesantías, quiebras y un incremento de los déficits fiscales.

Los países necesitan con urgencia invertir en su capacidad para aprender de sus propios datos sobre cómo incrementar la efectividad de sus políticas de distanciamiento social minimizando a la vez las pérdidas económicas. También necesitan ofrecerles acceso a Internet a las familias pobres.

En cuanto a la política fiscal, los países tienen que planificar un mayor respaldo masivo a la economía en 2021, pre-financiando sus futuras necesidades de financiamiento ahora de cara a lo que promete ser una relación complicada con el virus y las crecientes vulnerabilidades financieras de consumidores, empresas, bancos y los mercados cambiarios. Para lograr tener éxito, la política tiene que desempeñar un papel constructivo. Es importante que exista un liderazgo efectivo para que los países finalmente puedan rebotar como la pelota de tenis.


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