Cuidado que la gobernanza mundial futura sea manejada por el monopolio de las empresas tecnológicas

El gran tema será resolver el cómo gobernar para el nuevo dominio digital donde las tendencias tecnológicas que ya estaban en marcha se han acentuado en este tiempo de pandemia y estamos observando que las grandes empresas tecnológicas se están volviendo aún más grandes. El índice NASDAQ altamente tecnológico lleva subido el 30% en lo que va de 2020, mientras que la capitalización de mercado combinada de Apple, Amazon, Facebook y Alphabet ha superado los 5 trillones de dólares. Como resultado de ello, la fortuna personal del CEO de Amazon, Jeff Bezos, se ha incrementado en más de 70.000 millones de dólares, o 68%, desde que comenzó la pandemia, mientras que el patrimonio neto del CEO de Facebook, Mark Zuckerberg, ha subido 30.000 millones de dólares a 87.800 millones.

Esta creciente concentración de poder y riqueza en manos de unas pocas empresas digitales globales articulará la política internacional cuando salgamos de la pandemia. Las grandes empresas tecnológicas ganan valor a partir de activos intangibles como datos, algoritmos y propiedad intelectual, y no sólo a través de activos tangibles como mano de obra física o bienes y servicios, y han sacado ventaja de una gobernanza mundial digital débil para evitar pagar impuestos y seguridad social.

El sistema de gobernanza global se construyó para un mundo tangible, y los gobiernos se han demorado muchísimo en adaptar las leyes y regulaciones destinadas a construir una economía digital equitativa.

La creciente brecha entre los ganadores y perdedores de la economía digital se torna evidente en la disparada de desigualdad y la erosión de la clase media, cosa que la pandemia probablemente exacerbe en el corto plazo.

El centro político también se ha reducido, con un respaldo cada vez mayor de partidos extremistas de izquierda y de derecha. La fe en la democracia y la confianza en los medios han decaído en todo el mundo y las tendencias amenazan con amplificarse en el futuro cercano, para beneficio de los populistas iliberales.

La pandemia también ha aumentado las rivalidades geopolíticas globales y ha resaltado la realidad de que la confrontación de grandes potencias cada vez más tiene lugar en el dominio digital, en áreas que son propiedad de empresas privadas globales.

Los responsables de todos los gobiernos mundiales que escriban sobre estas políticas del mundo digital necesitan con urgencia reconciliarse con nuevos modelos de gobernanza para la economía digital y deberían incluir un nuevo foro para la coordinación diplomática y global con el fin de superar la balcanización actual de la gobernanza de datos. Ni la estrategia china centrada en el Estado ni la táctica norteamericana centrada en las empresas permiten que los individuos controlen sus datos personales. En cambio, la Regulación General de Protección de Datos de la Unión Europea va más allá en esta dirección.

El problema es que las tres zonas definidas por estas estrategias no pueden dialogar entre sí. Como resultado de ello, ninguna empresa o legislación tecnológica puede ser verdaderamente global, porque es imposible cumplir simultáneamente con las reglas de China, Estados Unidos y Europa al mismo tiempo.

También necesitamos un organismo internacional que estipule los estándares y regulaciones globales para la economía de plataformas. Esta institución podría asesorar sobre mejores prácticas, monitorear los riesgos que surjan de las nuevas tecnologías, su impacto en la sociedad civil y desarrollar intervenciones regulatorias y de políticas para abordarlas. El dominio digital de hoy está minando nuestra capacidad para llegar a un entendimiento común de los hechos. Para impedir futuras grandes crisis de la humanidad, necesitamos un espacio de información que sea un bien público, más que uno que busque maximizar las ganancias.

Necesitamos nuevos modelos de gobernanza económica. La economía digital está impulsada por la tecnología patentada, y por su naturaleza favorece a los pioneros y a las economías de aglomeración. Los gobiernos necesitan crear un campo de juego nivelado para los innovadores y los rezagados, y diseñar regulaciones inteligentes y ágiles para mejorar el impacto de las alteraciones tecnológicas en los sectores tradicionales. Los responsables de las políticas también deberían desarrollar nuevas maneras de proteger a los trabajadores de la economía informal y ofrecerles las mismas formas de seguridad socioeconómica de las que gozan los trabajadores comunes, aunque a través de mecanismos diferentes.

Necesitamos un nuevo contrato social para poner fin a la fractura social y a la polarización de la política. El status quo de una economía digital no gravada y mayormente no regulada ya no es sostenible. El hecho de no gravar las ganancias de grandes empresas públicas está limitando la capacidad de los gobiernos para ofrecer bienes y servicios públicos sociales. Necesitamos establecer un nuevo régimen global para enfrentar el problema del arbitraje fiscal por parte de multinacionales cuyo valor, en gran medida, es producto de la economía intangible.

Por otra parte, promover y regular acuerdos laborales inclusivos e innovadores podría ayudar a repoblar áreas menos desarrolladas, y contribuiría a achicar las disparidades regionales que contribuyen a la polarización política. La educación es la herramienta más efectiva para la movilidad social, pero sus costos se están incrementado mientras que los planes de estudio tardan mucho en adaptarse a las necesidades cambiantes de la economía digital. Ofrecer una educación efectiva, actualizada y asequible para los ciudadanos es crucial.

Mitigar los efectos adversos del dominio digital exige estrategias holísticas para la gobernanza de las plataformas y los datos. Durante demasiado tiempo, y en demasiadas cuestiones, los responsables de las políticas han dejado la gobernanza de la tecnología en manos de quienes la diseñan. Ya no podemos darnos el lujo de mantenernos al margen.


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