El Covid transformará el orden global en situaciones que hoy no alcanzamos imaginar

El nacionalismo de las vacunas y el cierre de las fronteras marcan un cambio de paradigma con serias implicaciones para nuestra libertad.

Un poco de historia y recordemos cuando la bala del anarquista asesinó a Franz Ferdinand en junio de 1914 desencadenó una cadena de eventos que condujeron a una masacre inimaginable de guerras y depresión que terminaron treinta años después. Y también se puso fin a la era moderna de globalización capitalista, revirtiendo cuatro décadas de integración que habían transformado los niveles de vida del mundo de esa época.


John Maynard Keynes publicó en 1919 el relato clásico de la época eduardiana (Eduardo VII entre 1901 y 1910) con su inherente desequilibrio de riqueza y poder que finalmente se volvieron anacrónicos a la vista de una población sufriente que se enfrentaba a la guerra y que despreciaron las injusticias de la división de clases. En esa época, un grupo de personas podían invertir sus ahorros en negocios en todo el mundo y asegurarse de inmediato con medios de transporte baratos y cómodos a cualquier país o clima sin pasaporte u otra formalidad. Lo más revelador es que las clases metropolitanas educadas consideraban este estado de cosas como normal, seguro y permanente, excepto en la dirección de una mejora adicional, y cualquier desviación de este estado era considerado aberrante, escandaloso y evitable. En la actualidad, los paralelismos con nuestra propia época son asombrosos, probando una vez más de la circularidad del esfuerzo humano. Los episodios posteriores lo borraron todo y la economía global tardó muchísimo tiempo en superar el nivel de integración que había alcanzado en 1914.


Sin embargo, al igual que nuestro propio mundo pre-Covid, cuando pensamos que habíamos conquistado la enfermedad, todo lo que vivíamos era demasiado bueno para ser verdad. Ahora es el turno de Covid de destruir las suposiciones que sustentaron el período de la globalización con un maravilloso y desenfrenado período de treinta años que comenzó con la caída del comunismo en 1989. Hemos llegado al fin de esa era. El mundo se contrae, se integra, se expande y se fragmenta nuevamente.


Muchas de las libertades que habíamos dado por garantizadas, solo fueron privilegios temporales, revocables en cualquier momento por países que están flexionando músculos que creíamos que se habían atrofiado. Se acabó esta era liberal y se avecina una nueva fase de globalización gestionada. Nos afectará a todos enormemente con prohibiciones de viajes y hoteles en cuarentena como primera y más impactante manifestación de esta nueva filosofía. Por primera vez desde mediados de los años cuarenta, los gobiernos impiden que los ciudadanos salgan de sus países a través de fronteras estrictas. Por ejemplo, en Inglaterra se están imponiendo cuarentenas de hotel vigiladas a los ciudadanos que regresan de países de alto riesgo y esta política seguramente se extenderá drásticamente a medida que surjan más cepas de virus mutantes en todo el mundo.


Las viejas certezas de que siempre sería posible visitar a la familia en el extranjero o tomar el sol en una linda playa con arenas blancas, se han desvanecido. Psicológicamente, este cierre de estrategias de salida será opresivo para muchos. En solo nueve meses, los cierres fronterizos han pasado de imposiciones inconcebibles a una de las herramientas clave de salud pública del estado.


Si uno cree que este nuevo enfoque es vital para salvar vidas, o una calamidad, es irrelevante: es la nueva normalidad. Las prohibiciones de viajes y los hoteles en cuarentena no serán excepcionales. Habrá más brotes de enfermedades infecciosas en un futuro próximo, y también falsas alarmas, y todas irán acompañadas de restricciones abrumadoras.

Los costos de ir de país en país se han disparado. Las tecnologías de estilo zoom ayudan y han recompensado enormemente a un pequeño número de empresas de tecnología, pero en última instancia son un sucedáneo: el trauma para los millones de familias con parientes en el extranjero será inmenso. Muchos se verán obligados a reorganizar sus vidas.


Veremos industrias en las que ahora no podremos invertir e intereses creados que han sido expuestos como desdentados: en una pandemia o cualquier otra emergencia los estados actuarán sin análisis de costo-beneficio y sin tener en cuenta el impacto financiero y económico. Las normas de derechos humanos carecen igualmente de sentido, incluido el derecho a la educación, la propiedad privada o simplemente a caminar libremente. Dado que ahora habrá bloqueos regulares, es posible que necesitemos nuevas normas constitucionales para gobernar tales eventos.


Cada empresa tendrá que planificar la probabilidad de futuros bloqueos. Las prohibiciones de viaje se convertirán en un riesgo conocido que deberemos aceptar. Muchos modelos comerciales ya no tendrán sentido. Habrá una gran demanda para viajar y comer fuera cuando finalice este período, pero los hoteles, aeropuertos y líneas aéreas se han convertido en inversiones especulativas, cuyo valor podría caer a cero en cualquier momento. Habrá llamados a garantías estatales, con nefastas consecuencias, incluido un círculo vicioso de impuestos más altos y mayor declive económico.

Todo esto nos lleva al segundo cambio importante: el regreso del proteccionismo competitivo y el colapso de las cadenas de suministro. El libre comercio es frágil y las fuerzas antiliberales están actuando para destruir un sistema que ha rescatado a miles de millones de personas de la pobreza extrema. Vimos por primera vez durante la carrera por los equipos de protección personal que los países estaban dispuestos a prohibir las exportaciones y apoderarse de la producción de las fábricas ubicadas en su territorio. Ahora somos testigos de una guerra por las vacunas. Los contratos y el estado de derecho se están socavando fatalmente.


Nos tenemos que preguntar dónde terminará todo esto e buscar respuestas para determinar si los países necesitarán sus propias fábricas de vacunas y de los equipos de protección personal o que otra materia tendremos que incluir en esta lista como por ejemplo, como resolveremos la situación de que las fábricas para fabricar microchips están concentradas en Taiwán o una China haciendo las tareas necesarias para controlar el cobalto y el litio.

El Covid es una tragedia humana, la pandemia más letal de Occidente desde la gripe española. Es una tragedia que está cambiando nuestra economía política.


El viejo mundo se ha ido y ninguna cuota de ilusiones o vacunación lo traerá de vuelta. ¿Imaginación, ciencia ficción o una realidad que aún no podemos ver? Veamos que nos dirán los días venideros






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