El mundo que tendremos posterior a la guerra nos va a cambiar profundamente la geopolítica del mundo

Hasta ahora, sigue siendo la guerra de Rusia contra Ucrania. Pero la Tercera Guerra Mundial nunca ha estado tan cerca y nadie sabe cómo terminará la guerra de una Rusia violenta y sin discriminación contra Ucrania, pero la mayoría de los escenarios apuntan a una mirada que va de mal en peor y no es posible vislumbrar el final de la pesadilla en curso en Ucrania, donde en menos de dos semanas, el mundo es testigo de haber pasado de dichos como que “Rusia nunca invadiría Ucrania” a una realidad de ver su planta nuclear en llamas.

Putin ha atacado a Ucrania precisamente porque eligió un camino hacia la Unión Europea y la OTAN. Luchar contra Ucrania representanta la lucha contra Occidente.

El futuro de esta guerra se ve muy oscuro y desde ya podemos observar varios escenarios probables que se podrían desarrollar:

El primero totalmente imposible donde Ucrania gana y los rusos se rinden. El segundo, poco probable, donde China convence a Rusia de que retroceda. Y un tercero, que parece ser en la dirección en la que nos dirigimos ahora, la opción que involucra matanzas masivas de civiles y destrucción de Ucrania y como Japón en 1945, no tendría más remedio que rendirse.

El mundo nunca volverá a ser el mismo.

Para reprimir la disidencia en Rusia y en Ucrania, Putin tendría que completarla la transformación de Rusia en un estado policial, eliminando y persiguiendo los últimos restos de la libertad de expresión. Su imperio se convertiría en un paria permanente en la comunidad internacional. El mundo tendría una nueva Cortina de Hierro.


La Unión Europea nacida de la idea de que la integración económica podría detener la guerra, se comprometió a pagar las armas enviadas a Ucrania. Suiza neutral prometió sanciones dirigidas a entidades del tipo que más aprecia: los bancos. En Alemania, la nueva coalición de socialdemócratas, verdes y liberales se quitó la túnica pacifista del país y después de haber ofrecido a Ucrania solo cascos, ahora se apresura a enviar armas antitanques y antiaéreas, y ha anunciado un impulso masivo en defensa. También decidió suspender el oleoducto Nord Stream 2, que vincularía a Alemania estrechamente y exclusivamente con los suministros de gas ruso. Ahora, el gobierno alemán indicó que mantendrá operativas las centrales nucleares del país para reducir su dependencia del gas ruso.


En el otro extremo del mundo; Japón, Singapur, Corea del Sur y Taiwán se sumaron a las sanciones contra Rusia, al igual que Australia. El cambio de humor en Japón ha sido particularmente sorprendente. Durante las últimas décadas, ha cortejado incansablemente a Rusia, en parte para contrarrestar a China, pero también con la esperanza de resolver el problema de las cuatro islas del norte incautadas por la Unión Soviética y ahora congeló las reservas del Banco Central de Rusia.


La crisis de Ucrania está dando una nueva forma a las posibilidades de un conflicto futuro y las formas en que puede evitarse. Está planteando la posibilidad, anteriormente extravagante, de que un país desarrollado sea despojado de territorio por la fuerza. El acercamiento de Rusia a China está poniendo una nueva carga sobre el sistema de alianzas americanas y ha comenzado a consolidar la confianza de Europa en sí misma y en sus ideales, y puede aumentar su voluntad de luchar por ellos. Y está planteando de nuevo viejas preguntas sobre el papel de las armas nucleares.


Nadie tiene todavía un nombre para esta nueva era post-post-guerra fría. Sin embargo, en la búsqueda de paralelismos, los fantasmas del nazismo siguen regresando. Putin evoca los horrores de la Segunda Guerra Mundial cuando acusa perversamente a Zelensky, que es judío, de dirigir un estado nazi. Sin embargo, si sirve de algo, es la forma violenta de Putin que; desde la guerra en Georgia en 2008, la del este de Ucrania en 2014, la anexión efectiva de Bielorrusia; el jerarca ruso tiene un parecido más cercano a Hitler. Nos debemos preocupar por el estado de ánimo de un líder ruso que está aislado, fuera de contexto y que ha demostrado ser propenso a errores de cálculo donde el uso de armas nucleares se ha vuelto concebible.


Estamos frente a una visión de una competencia global que enfrenta a las democracias contra las autocracias y coloca a Rusia y China en el escenario donde estos dos países se han estado acercando tanto estratégicamente como políticamente, viendo a un Putin que empuja a Rusia a una dictadura más profunda. Putin y Xi Jinping comparten el deseo de hundir a Estados Unidos como líder mundial. En 1904, Halford Mackinder argumentó que quienquiera que controlara el núcleo de Eurasia, entre el Mar Ártico y los Himalayas, podría dominar el mundo y es desde este análisis, que Rusia y China quieren permanecer unidas en una causa común que los representan.


Tenemos que incluir a India en este nuevo orden, donde el 2 de marzo se abstuvo de una moción de la Asamblea General de la ONU a condenar la invasión de Rusia tratando de equilibrar su antigua amistad con Rusia, que proporciona la mayor parte de su equipo militar.


Recordemos que Rusia y China estuvieron peleados en la década de 1960, una brecha que el presidente Richard Nixon aprovechó a su favor hace 50 años con una visita histórica a China a principios de 1972. Pero dividirlos actualmente, será una tarea difícil. Con China bajo la presión económica de Estados Unidos, Xi está molesto con el caos que Putin está causando en Europa, uno de los principales mercados de exportación de su país. Pero se enfrenta a un dilema. Aunque no quiere que Putin fracase, ayudarlo significa ser incluido en el club de los parias.


Mientras Estados Unidos reúne a sus aliados, China puede optar por esperar su momento. Putin debe haber sentido que el tiempo estaba en su contra cuando se trataba de Ucrania: los vínculos del país más pequeño con Occidente y el gusto por la democracia se estaban fortaleciendo incluso cuando las capacidades y la economía de Rusia se estancaron. Los cálculos de Xi parecen más complicados. El poder militar de China está creciendo; pero también crece fuertemente el sentido taiwanés de una identidad nacional separada.


La mayoría de los países siguen respetando el principio de una integridad territorial; donde una abrumadora mayoría en la Asamblea General denunció a Rusia y mantienen la opinión de que a pesar de que muchos países se crearon a partir de imperios colapsados ​​en fronteras que no eligieron, todos buscan vivir de una manera que no estar hundidos nuevamente en nuevas formas de dominación y opresión. Incluso un líder autocrático prorruso como el húngaro Viktor Orban acordó respaldar las sanciones contra Moscú.


El nuevo compromiso de Alemania está siendo bien recibido por la OTAN. Si Ucrania cayera y las fuerzas rusas permanecieran en Bielorrusia indefinidamente, el flanco oriental de la OTAN quedaría mucho más expuesto con una particular preocupación en el corredor de Suwalki, una franja de territorio de 96 kilómetros en la frontera entre Lituania y Polonia, única ruta terrestre entre los tres estados bálticos que una vez ocuparon la Unión Soviética; Lituania, Estonia y Letonia con el resto de la OTAN. Al oeste del corredor se encuentra Kaliningrado, un enclave ruso en la costa báltica y si Rusia se enfrentara a la OTAN ocupando la tierra entre los dos territorios, defender los estados bálticos sería mucho más difícil.


China está construyendo rápidamente sus ojivas nucleares y podría llegar a más de 1.000 en 2030. Las amenazas de Rusia proporcionan un argumento nuevo y poderoso pudiendo ser un gran cambio para Japón en su postulado de no fabricar armas nucleares, no poseer armas nucleares y no permitir que se estacionen armas nucleares en el país. Como gran parte de la nueva geopolítica, el efecto sobre la estrategia nuclear en todo el mundo dependerá en cierta medida de lo que suceda en Ucrania.


Las sanciones de Estados Unidos por sí solas no pueden evitar que Rusia continúe la escalada militar. Por lo tanto, la asistencia de los principales productores de tecnología, como Singapur, Japón, Corea y Taiwán, es crucial. En el siglo pasado, el Comité Coordinador para el Control Multilateral de las Exportaciones (COCOM) aportó mucho para asegurar el atraso tecnológico de la Unión Soviética. Fue establecido por el bloque Occidental durante los primeros cinco años tras finalizar la Segunda Guerra Mundial, durante la Guerra Fría, cesando sus funciones el 31 de marzo de 1994, y fue sucedido por el Tratado de Wassenaar.

Una Rusia herida pero victoriosa puede sentirse envalentonada para amenazar aún más a la OTAN. Los primeros años de la guerra fría estuvieron llenos de peligros, desde el bloqueo de Berlín Occidental por parte de la Unión Soviética en 1948 hasta la crisis de los misiles cubanos de 1962, antes de que la distensión finalmente trajera una mayor previsibilidad.

Esta no es la primera gran guerra en Europa desde la Segunda Guerra Mundial. Los Balcanes pasaron gran parte de la década de 1990 envueltos en una guerra que vio la desintegración de Yugoslavia, una horrible limpieza étnica, el genocidio serbio y el bombardeo de Belgrado por parte de la OTAN.


Estamos al comienzo de una nueva era, y los comienzos pueden ser peligrosos.

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