EMPRENDORES made in CHILE para el mundo

América Latina será la región del mundo en desarrollo con el peor desempeño al salir de la pandemia y debido al débil crecimiento de los cinco años anteriores a la pandemia, la región experimentará una década perdida. Si extrapolamos hacia el 2023 donde puede ser similar al 2022, el crecimiento anual promedio para el período 2014-23 podría ser de solo 0,7% anual, una cifra peor que la tasa anual de 1,4% que América Latina obtuvo durante la década perdida de los años 1980.

Los efectos sociales de la región son devastadores con información de la Organización Internacional del Trabajo que estima pérdidas de casi 30 millones de puestos de trabajo y una tasa de pobreza, según la CEPAL, sobre el 33%, por lo que la región perdió más de una década en términos de reducción de la pobreza. Los gobiernos latinoamericanos deberán evitar adoptar políticas macroeconómicas contraccionistas y centrarse en reformas estructurales tomando medidas para reducir la desigualdad a través del gasto social, sistemas tributarios más equitativos, fomentar políticas activas de desarrollo productivo y exportaciones con mayor contenido tecnológico, respaldadas por un mayor financiamiento para la ciencia y la tecnología. También sería importante incluir la cercanía al reto de mejorar sustancialmente la educación básica, media y técnica que permitirá fortalecer el mercado laboral y la generación de nuevos emprendimientos y así de verdad, mejorar las posibilidades para la región de lograr un crecimiento más incluyente y más sustentable.

Los sistemas educativos de América Latina tienen dificultades para generar suficientes trabajadores calificados que contribuyan a aumentar la productividad. Más de un tercio de las empresas de la región citan el escaso nivel de capacitación de los empleados como una limitación importante. Para reforzar el crecimiento económico, América Latina debe invertir en una fuerza laboral competente. Al ampliar el acceso a una educación de alta calidad, tanto de instituciones públicas como privadas, los países de la región aumentarían la productividad, elevarán los niveles de vida y reducirán la desigualdad.

Este desajuste debería haberse abordado hace mucho tiempo y la realidad en Chile no dista mucho de nuestros vecinos latinoamericanos.

El primer paso para asegurar que los estudiantes en Chile adquieran las competencias que necesitan para aprovechar las oportunidades que brinda el país, es reconocer que no basta con aumentar los presupuestos para la educación o el tiempo que los alumnos pasan en sus colegios, sino que la calidad de sus programas no refleja el importante volumen de recursos que se invierte en esta área. No usamos indicadores de gestión ni indicadores de seguimiento de los resultados reales de cada promoción y, además, es necesario dar mayor énfasis a la educación terciaria que incluya ramos de la academia, y adicionalmente a la educación vocacional y profesional avanzada.

El segundo paso que es promover y hacer cumplir los parámetros claros de calidad en la educación pública y privada y debe ir acompañado de soluciones de financiamiento que permitan que la educación superior de calidad sea más accesible y asequible para todos los grupos socioeconómicos. Los gobiernos deben asegurar que el sacrificio valga la pena, para que la educación obtenida permita acceder a buenos empleos, a ingresos más altos, movilidad social y generación de nuevos emprendimientos, todas cuestiones importantes en una nación dividida por la desigualdad.

El tercer paso, será elaborar programas educativos que respondan mejor a las nuevas necesidades del mercado mundial con cursos y créditos orientados a materias tecnológicas, sustentabilidad e innovación.

La educación es una inversión. Es un camino a la prosperidad y a la movilidad social y debería consistir en promover la generación de valor para todos los estudiantes de entidades educativas públicas y privadas. Todavía queda un gran camino por recorrer con muchas tareas pendientes que impiden embarcar a Chile en una senda de crecimiento económico sostenido que beneficie a todos los ciudadanos. La creación de un capital humano de mayor calidad permitirá que los nuevos emprendedores sean más competitivos y se equiparen a sus pares en los países más avanzados.

Pero no son solo los modelos e instituciones educativas deben ser modificados, sino que también hacen falta políticas más integrales y sistémicas que refuercen el papel de la familia, del mundo del emprendimiento y del entorno físico y social en la formación de un capital humano que permita a Chile alcanzar su potencial de desarrollo.

También es fundamental de que los emprendedores incorporen habilidades socioemocionales como la perseverancia y la determinación, la salud física y la felicidad, así como elementos cognitivos con una buena formación hacia las habilidades numéricas y de gestión que estarán asociadas a un mejor rendimiento de sus emprendimientos.

Teniendo esto en mente, las mejoras en el capital humano deberían promoverse a través del ámbito familiar, en los colegios, en el entorno y en el ámbito empresarial y sabiendo que esto implica grandes desafíos para las políticas públicas, es sumamente necesario sentar las bases de un capital humano de calidad cuya educación abarque todas las dimensiones donde se produce la formación de los futuros emprendedores. El sistema educativo debe conectarse más eficientemente con el mundo de los emprendedores para mejorar las decisiones vocacionales de los jóvenes, proveyendo formación, información y experiencias que permitan la transición a esta nueva área económica de Chile.

Aún tenemos problemas con la baja calidad en materias como matemáticas y ciencias comparados con los países de la OCDE, los que son los grandes competidores para nuestros emprendedores. Cifras de nuestros países vecinos avalan que esta necesidad de mejoras en las materias descritas, deben ser materializadas a la brevedad. En pruebas administradas por la OCDE determinaron que los estudiantes brasileños quedaron en el último lugar en matemática entre 40 países. México ocupó el lugar 37 y Uruguay quedó en el puesto 35.

En Chile, los estudiantes también se desempeñan mal en la parte de "solución de problemas" de pruebas de este estilo y refleja la naturaleza anticuada de los sistemas educacionales, que todavía ponen énfasis en la memorización y la repetición. Lamentablemente, los resultados no son mucho mejores cuando se trata de habilidades de lectura y nuevamente, quedamos rezados en los últimos lugares de acuerdo a los del TIMSS (Estudio Internacional de Tendencias en Matemáticas y Ciencias.

El rendimiento de nuestras universidades es débil a nivel mundial y lo avala el estudio University Ranking by Academic Performance (URAP) que indica que ninguna universidad chilena se encuentra entre las principales 200 del mundo, lo que contrasta notablemente con China e India que ya tienen varias universidades de primer nivel, especialmente en ciencias e ingeniería. Tailandia y Singapur también tienen universidades de primera categoría en el ámbito de las ciencias, incluida la biotecnología. A nivel mundial, la Universidad de Chile se encuentra en lugar 357, la Pontificia Universidad Católica en el lugar 389 y la Universidad de Concepción en el lugar 702.

Para que Chile tenga éxito y avance hacia la prosperidad, debe reformar su sistema educativo. Sólo mediante un capital humano capacitado e innovador, es posible lograr un índice de crecimiento económico sostenible que nos ayude a colocar a nuestros emprendedores en el circuito mundial.

Las reformas se deben orientar a hacer que los profesores de educación básica y secundaria rindan cuenta de su desempeño. En el ámbito universitario se debe aumentar sustancialmente un financiamiento competitivo de la investigación. Para implementar estas reformas habrá que tener valentía y visión con políticos que tengan la voluntad de enfrentarse al Colegio de Profesores, que tradicionalmente se han resistido a las reformas que introducen una mayor competencia y la exigencia de que se hagan responsables de su desempeño.

Todos en Chile debemos tener una mejor manera de entender la tecnología y la innovación como un conjunto de respuestas a preguntas sobre cómo hacer las cosas de otra manera, más fácil y más productivo.

Al mismo tiempo, las empresas, especialmente las grandes, invierten muy poco en investigación y desarrollo, en parte porque nunca han hecho esas inversiones y también suponen que no tendrán ningún socio con el cual puedan transformar la inversión en innovaciones. En un ecosistema de innovación que funcione correctamente, la inversión de las empresas en investigación y desarrollo (I&D) se debe traducir en flujos de dinero para que universidades y centros especializados puedan utilizar estos fondos en financiar una capacidad de I&D significativa y efectiva.

Debemos cambiar nuestra mentalidad y nuestras estructuras y mirar con admiración el valor y el aporte de los emprendedores chilenos.

Adoptemos una nueva manera de pensar en torno a la adopción, adaptación e innovación tecnológica y la brecha de ingresos entre Chile y los países desarrollados se reducirá gracias a nuestros EMPRENDEDORES.


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