Europa se dirige a una recesión liderada por Alemania, Italia y Europa Central

La guerra de Rusia contra Ucrania, una recuperación desigual de la pandemia del covid-19 y una sequía en gran parte del continente han conspirado para crear una severa crisis energética, alta inflación, bajo crecimiento y una enorme incertidumbre sobre el futuro económico de Europa. Los gobiernos se apresuran a tratar de ayudar a las personas más vulnerables y en medio de la confusión, hay un amplio acuerdo en una materia: se avecina una recesión.


La gravedad de la recesión depende de cómo se desarrolle el shock energético con precios que ya alcanzaron valores inimaginables de 290 euros por megavatio hora para el gas, contra el precio pre-pandemia de 30 euros. La electricidad ha aumentado en valores que nadie podría imaginar a comienzos del 2022.


Estamos cercanos a escenarios más sombríos en unos pocos meses más con industrias bajo presión por los cortes del suministro de gas ruso que traería una crisis económica al continente.


Sin embargo, podremos ver una luz al final del túnel en la Declaración de Marienborg realizada en Copenhague.


Durante siglos, el mar Báltico ha sido escenario de conflictos y rivalidades internacionales. Hoy, sin embargo, ocho de los países de la región; Alemania, Polonia, Lituania, Letonia, Estonia, Finlandia, Suecia y Dinamarca; son miembros de la Unión Europea y están decididos a incrementar su cooperación energética para neutralizar la principal fuente de influencia geopolítica del Kremlin sobre Europa.

El uso de la energía por parte de Rusia como arma política y económica ha puesto a los países del Mar Báltico en la primera línea de la crisis energética internacional. Pero al fortalecer la seguridad energética, eliminar gradualmente los combustibles fósiles rusos y aumentar la capacidad de energía eólica marina siete veces en solo ocho años, los países de la región desempeñarán un papel clave para proteger a Europa del arma energética de Rusia.


La invasión rusa de Ucrania fue tan impactante como injustificada, y el posterior uso del gas por parte de Rusia como arma política y económica ha puesto de manifiesto la necesidad de que Europa se independice de las importaciones de energía rusas. Al retener sus exportaciones de gas natural en flagrante violación de los acuerdos existentes, Rusia está tratando de llevar a la Unión Europea al borde de una crisis energética y presionar a los países de Europa que se abstengan de ayudar a Ucrania.


Sin embargo, los países europeos han fortalecido significativamente la colaboración en temas de energía durante la última década. El plan de interconexión del mercado energético del Báltico (BEMIP) ha sido un componente importante de esta arquitectura desde 2008.


Recientemente se ha marcado el comienzo de una nueva era para los sistemas energéticos de la Unión Europea con la firma de la Declaración de Marienborg que incluyen cuatro objetivos claros:


En primer lugar, colocarán acelerador para eliminar en forma gradual la dependencia de la energía rusa; con acciones tales como la electrificación de los sistemas energéticos, la diversificación del suministro de energía y la descarbonización gradual de las redes de gas.


En segundo lugar, se ha establecido una visión para aumentar la capacidad de energía eólica marina en siete veces durante los próximos ocho años, expandiendo la capacidad actual de 2,8 GW a 19,6 GW para alimentar 28,5 millones de hogares europeos. Para poner este número en perspectiva, es aproximadamente equivalente al número total de hogares en Polonia, Lituania, Letonia, Estonia, Finlandia, Suecia y Dinamarca.


En tercer lugar, en el corto plazo, la energía rusa será reemplazada con el aumento de las importaciones de gas natural licuado y dado que el GNL se transporta por mar, los países mejorarán la coordinación de gestión del creciente comercio marítimo en torno al mar Báltico, lo que incluye la cooperación en la construcción de infraestructura como nuevos puertos y terminales de GNL.


Finalmente, explorarán proyectos transfronterizos conjuntos de energía renovable e identificarán las necesidades de infraestructura para permitir la integración de la energía renovable necesaria para garantizar la seguridad del suministro y la energía asequible en los hogares e industrias, respetando las prioridades de la política energética nacional de los países y sus opciones de energía.


A nivel mundial, el sector energético ha experimentado una transición dramática durante la última década. El precio promedio mundial de la energía eólica marina ha disminuido en un 60 % desde 2010 y, en la actualidad, puede proporcionar energía más económica que la mayoría de las fuentes de combustibles fósiles. Además, un aumento en la capacidad de producción de hidrógeno verde podrá usarse como una alternativa al gas ruso.


La geopolítica de la energía está cambiando ante nuestros ojos. La invasión rusa de Ucrania envió ondas de choque geopolíticas a través y si bien la energía se ha utilizado como arma contra Europa muchas veces antes, la disminución de los costos tanto de las energías renovables como del GNL, así como el advenimiento de la economía del hidrógeno, pueden usarse como un escudo para proteger a Europa. Es un momento crucial con una oportunidad única para eliminar gradualmente la dependencia histórica europea de la energía rusa y tomar posesión del futuro energético de la Unión Europea.


Alemania y Dinamarca son los únicos países bálticos con parques eólicos a gran escala en la región y están decididos a aumentar aún más su capacidad. Los otros países están ansiosos por seguir pronto. Polonia quiere tener 6 GW para 2030 y 11 GW para 2040. Finlandia quiere tener su primer parque eólico a gran escala en línea para 2026-2027 y otro para 2028. En Suecia, 15 GW de proyectos están solicitando permisos actualmente. Algunos podrían estar en línea antes de 2030. Y Estonia, Letonia y Lituania también quieren poner en marcha sus primeros parques eólicos marinos antes de 2030.


La instalación de más energía eólica marina acelerará la eliminación gradual del combustible ruso y aumentará la seguridad energética de la región.


Con estas acciones, Europa podrá mostrar al mundo que la energía nunca debe usarse como una herramienta de opresión, sino como una fuente de cooperación y prosperidad.

Volviendo al escenario de una posible recesión, es casi seguro que Europa verá coincidir el choque energético con el aumento de las tasas de interés con el Banco Central Europeo decidido a llevar la inflación anual de vuelta a su objetivo del 2%.


El pesimismo ya se está reflejando en el gasto de los consumidores en servicios y tendrán dificultades para sostener la economía del continente y todos se deberán ajustar el cinturón en preparación para un largo y frío invierno 2022.


Debemos olvidar de tener un aterrizaje suave con la inflación. El Banco Central Europeo y la FED buscarán reducirla usando todas sus herramientas para desacelerar las economías. Pronto veremos un desempleo que comienza a aumentar, con efectos en cadena en el resto de la economía, lo que finalmente llevarán a los hogares a reducir sus gastos y finalmente una contracción del producto interno bruto.


Seamos optimistas, el mundo ha conocido muchas crisis a lo largo de la historia y todos saldremos fortalecidos de este capítulo recesivo.



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