La amenaza de competencia entre las grandes potencias crea una nueva era en la geopolítica mundial

Aunque el desafío sin límites de Rusia al orden internacional liderado por Occidente no salió según lo planeado, no obstante, ha demostrado la maleabilidad de la política global. Un conjunto común de reglas neutrales está dando paso a una nueva competencia al sistema global.

Las crisis recientes resaltan la necesidad de una nueva forma de pensar sobre la geopolítica, especialmente en Occidente, y en ningún lugar más que en Europa. Sobre todo, la guerra en Ucrania expuso un malentendido fundamental en la forma en que las democracias occidentales piensan sobre las soluciones basadas puramente en la tecnología. Al leer cualquier texto legislativo que sale de Bruselas y encontraremos amplias referencias a las últimas investigaciones económicas y científicas sobre el tema en cuestión en la creencia de que la política se trata de encontrar los medios más eficientes para alcanzar objetivos socialmente deseables.

Pero con la invasión rusa de Ucrania, quedó claro que la Unión Europea había ignorado la naturaleza geopolítica de la tecnología. Fue un error suponer que la tecnología necesariamente reduce el conflicto entre países al crear dependencias mutuas y generar abundancia material a través de una eficiencia cada vez mayor.

En términos más generales, a medida que el poder tecnológico promete cada vez más reemplazar nuestro entorno natural con nuevos mundos artificiales, la cuestión de quién construirá y controlará estos mundos se volverá más aguda. En un mundo tecnológico, la geopolítica es la lucha no por controlar el territorio sino por crearlo.


En una era de cambio climático y pérdida de biodiversidad, lo artificial podría adquirir un significado literal, dado el potencial de transformación. Pero también puede entenderse más metafóricamente. La pandemia reveló nuevas posibilidades para lograr una emancipación radical del mundo natural, tanto al pasar a experiencias virtuales en línea como al desarrollar vacunas y otras biotecnologías controlar la enfermedad.

La situación ahora es fundamentalmente diferente, con un mundo que se construyendo bajo el paradigma de un poder informático, financiero y monetario que establece las reglas de antemano y confiere cada vez más poder político a unos pocos elegidos. Para todos los demás, el nuevo entorno es ineludible y, por lo tanto, aparentemente natural donde lo que más pareciera importar son las redes aparentemente abstractas de dinero, propiedad intelectual, datos y tecnología. Cuando tu oponente está construyendo un mundo completamente artificial o tecnológico que eventualmente podría redefinir tu propia realidad, la geopolítica se vuelve existencial.


El sistema está abierto al cambio. Las elecciones hechas por diferentes participantes pueden influir y remodelar las reglas, lo que podría inclinar todo el sistema a favor de algunos poderes en lugar de otros. Esto representa una ruptura radical con el universalismo del orden anterior, donde se decía que las reglas comunes que regían el comercio y otros asuntos creaban un campo de juego neutral.


Habiendo perdido el liberalismo su capacidad de impresionar la verdad de sus principios en un mundo recalcitrante, nos hemos acercado peligrosamente a un nuevo mundo donde el poder hace la razón. El presidente ruso, Vladimir Putin, ha dejado en claro que ya no aceptará las reglas bajo las cuales opera el mundo. Quiere un nuevo sistema en el que Rusia sea reconocida como una gran potencia con su propia esfera de influencia. El Kremlin ya ha dado a conocer algunas de sus posiciones. Ucrania debe desaparecer como estado, y preferiblemente también como nación; y Rusia debe volver a participar en todas las decisiones importantes sobre el continente europeo.

Putin decidió imponer un nuevo sistema por la fuerza y lo hizo porque ya se había convencido a sí mismo de que Rusia era una gran potencia y que lo único que quedaba por hacer era asegurar el reconocimiento de ese hecho. Una guerra rápida y exitosa en Ucrania equivaldría a un momento revolucionario, cuando una clase oprimida emerge repentinamente como el verdadero poseedor del poder.


Contrariamente a las impresiones de muchas personas alrededor del mundo, el activo más importante para Moscú no era el arsenal nuclear de Rusia, sino que es la energía rusa. Putin y sus asesores asumieron que el petróleo y el gas rusos eran tan indispensables para el funcionamiento normal de la economía europea que Rusia no tenía de qué preocuparse si Putin decidía iniciar una guerra. Rusia, habían concluido, podía dictar sus propias reglas. Al poner los flujos de energía y el comercio firmemente al servicio de los objetivos bélicos de Rusia, el Kremlin ha abandonado efectivamente el sistema del liberalismo económico global.

Si uno piensa en el orden internacional como una especie de sistema operativo, los que pueden cambiar las reglas son como los administradores del sistema. Un país como Estados Unidos puede ejecutar cualquier comando o modificar el sistema en sí. La gran ventaja de ser un administrador de sistema global, es que puede tomar medidas enérgicas contra los infractores y perseguir sus otros objetivos alternando el sistema en sí, en lugar de hacerlo a través de medios más directos. En lugar de ir a la guerra, las democracias occidentales han adoptado un conjunto de herramientas económicas específicas diseñadas para reducir la amenaza rusa al sistema existente.


Las sanciones al banco central de Rusia pretendían ser un golpe de gracia, porque las reservas de divisas eran la herramienta que el Kremlin había planeado usar para proteger el rublo y protegerse de otras medidas occidentales. El administrador del sistema esperaba poder simplemente desconectar los controles de Rusia y dejarla completamente expuesta a corridas bancarias devastadoras, inflación y fuga de capitales. Pero esos escenarios no se materializaron, y es fácil suponer por qué: el mundo todavía tiene hambre de los hidrocarburos de Rusia. A los precios actuales, las exportaciones de energía de un año serían suficientes para compensar sus reservas congeladas.


Las sanciones casi sin precedentes de Occidente también plantean preguntas inquietantes sobre su propio futuro. ¿Continuarán los países acumulando sus reservas en dólares las que pueden congelarse o incautarse con solo tocar un botón? Mientras las reservas del banco central ruso se mantengan en bancos centrales extranjeros, son una forma de dinero interno como pasivos aceptados por una contraparte y registrados como tales en sus computadoras. Eso significa que pueden ser revocados unilateralmente.


No está claro cómo se desarrollará este juego. Sancionar las reservas del banco central a tal escala no tiene precedentes; pero para alejarse del dólar, Rusia necesitaría una alternativa viable. No importa cuánto se arma el dólar, no se puede crear una alternativa simplemente por decreto. Más bien, tendría que surgir gradualmente como resultado de los cambios en la estructura del comercio y las finanzas mundiales. Generalmente, para reemplazar al administrador del sistema original, se debe reemplazar todo el sistema.


La guerra de Rusia en Ucrania es un momento revelador. Se suponía que el sistema global era un marco neutral de reglas, pero de repente ha quedado expuesto como una herramienta de poder. Esta revelación conlleva cierto peligro, porque cualquier número de actores en el mundo en desarrollo ahora puede decidir dejar de jugar con las reglas existentes, o incluso comenzar a buscar sistemas alternativos.


Independiente de como sea el final de la historia con la invasión rusa en Ucrania, ya podemos extraer tres lecciones principales de la crisis:

1. Hemos entrado en un nuevo período de rivalidad geopolítica, donde lo que está en juego será mucho mayor que antes. La competencia entre las democracias occidentales y China se verá cada vez más como una competencia histórica decisiva para determinar quién construirá los mundos artificiales del futuro, quién elaborará las reglas que los rigen y quién tendrá acceso raíz al sistema operativo.

2. El poder de hacer las reglas importa mucho más que las reglas en un momento dado. Tal relativismo puede ser desagradable para las sensibilidades liberales, pero las crisis recientes han demostrado consistentemente esta verdad.

3. La peligrosa dependencia de Europa de la energía rusa es tanto una vulnerabilidad como una advertencia y ha cambiado radicalmente su contexto geopolítico en la seguridad energética.


Debemos tener en claro que la transición energética en curso no tiene precedentes debido a su escala y al profundo impacto en las tendencias socioeconómicas, tecnológicas y geopolíticas establecidas en todo el mundo. Las energías renovables, en combinación con la eficiencia energética, forman ahora la vanguardia de una transición energética global de gran alcance. Esta transición no es un reemplazo de combustible; es un cambio a un sistema diferente con perturbaciones políticas, técnicas, ambientales y económicas proporcionales.


La Comisión Europea acaba de crear la Plataforma Europea de Energía con el fin de asegurar el suministro energético a precios asequibles en el contexto geopolítico actual y eliminar gradualmente la dependencia del gas ruso y ha establecido con los países miembros una plataforma para la compra común de gas, GNL e hidrógeno.


Los países europeos que más dependen del gas y del petróleo ruso tendrán dificultades para asegurar la energía para su próximo invierno. Las reservas de gas solo están llenas en un 65 %, y el dominio absoluto de Rusia hará que sea difícil y costoso alcanzar el objetivo de la Unión Europea del 80 % antes del invierno.


La pregunta crucial para las principales potencias económicas, entonces, es si pueden pasar el invierno sin obligar a sus grandes consumidores domésticos de gas industrial a cerrar. La respuesta probablemente sea sí, siempre que los europeos demuestren solidaridad transfronteriza de ahorro de energía, como sugiere la Comisión Europea y maximicen el uso de todas las demás fuentes de energía.


Europa deberá comprometerse más ampliamente con sus vecinos y socios globales para ampliar las industrias verdes y reducir los costos marginales de las tecnologías verdes. Los electorados europeos exigirán energía rápida, barata, limpia y segura, pero satisfacerlos es inalcanzable a corto plazo. Una vez más, volvemos a tomar decisiones políticas difíciles. Las soluciones políticas creativas pueden ayudar; pero los políticos tendrán que decidir sobre una estrategia y luego convencer al público para que los acompañe. Los europeos no deberían esperar menos de sus líderes.


En el mundo, será fundamental contar con una respuesta política que permita maximizar las oportunidades y minimizar los riesgos potenciales con acciones tales como el gestionar estratégicamente el suministro de materiales y productos básicos mediante la adopción de un enfoque sistémico a largo plazo para evitar una nueva trampa de dependencia, fortalecer la cohesión económica y social reforzando la protección social y el estado del bienestar, con estrategias de desarrollo regionales e inversiones que juegan un papel acorde, adaptar los sistemas de educación y formación para que coincidan con una realidad tecnológica y socioeconómica en rápida transformación, así como apoyar la movilidad laboral entre sectores, movilizar inversiones adicionales que preparen un futuro con nuevas tecnologías e infraestructuras y sinergias entre el capital humano y la tecnología, desarrollar marcos de seguimiento para medir el bienestar más allá del PIB y evaluar los efectos de la digitalización y su huella global de carbono, energía y medio ambiente, garantizar un marco normativo preparado para el futuro que favorezca modelos de negocio y patrones de consumo sostenibles con la aplicación de inteligencia artificial para respaldar la formulación de políticas y la participación de los ciudadanos, intensificar un enfoque global para el establecimiento de normas centrado en un principio de reducir, reparar, reutilizar y reciclar y finalmente, promover una ciberseguridad robusta y un marco seguro de intercambio de datos para garantizar que las entidades críticas puedan prevenir, resistir y recuperarse de las interrupciones y, en última instancia, generar confianza para la humanidad.


La inestabilidad geopolítica actual confirma la necesidad no solo de acelerar las transiciones energéticas sino también de reducir nuestras dependencias estratégicas. En el corto plazo, esto seguirá afectando los precios de la energía y los alimentos, con importantes consecuencias sociales. En el mediano y largo plazo, por ejemplo, el acceso sostenible a las materias primas críticas para las transiciones seguirá siendo de suma importancia, lo que agregará presión para pasar a cadenas de suministro más cortas y menos vulnerables.

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