La historia juzgará duramente el delirio imperial de Putin por su guerra en Ucrania

Actualizado: 27 feb

La última vez que las fuerzas rusas se abrieron camino hacia Kiev fue en otoño de 1943, cuando el Ejército Rojo cruzó el río Dniéper y arrebató la ciudad a la Alemania nazi. El 4 de noviembre de ese año, las defensas alemanas colapsaron y los tanques soviéticos invadieron la capital ucraniana. Casi 80 años después, las fuerzas armadas rusas están de regreso.

Temprano en una sombría mañana gris del 24 de febrero de 2022, comenzó la embestida contra Ucrania ordenada por el presidente de Rusia, Vladimir Putin. Nada de esta guerra era inevitable. Es un conflicto creado enteramente por él mismo. Con la lucha; la miseria está por venir y se derramará mucha sangre ucraniana y rusa. Cada gota será salpicada en las manos de Putin.

Putin vuelve a menudo al hecho de que el cristianismo fue llevado al mundo eslavo oriental con el bautismo del príncipe Valdemar en la primavera de 989, en la ciudad de Quersoneso, cuyas ruinas se pueden ver en las afueras de Sebastopol, en Crimea. Ese acontecimiento histórico ilustra la complejidad del asunto que nos ocupa hoy.

El príncipe que se llamaba Vladimir en ruso; se llama Volodymyr en ucraniano; pero en su infancia, probablemente habría respondido a Valdemar. Nació de un clan vikingo escandinavo que había llegado a gobernar las ciudades de Novgorod y Kiev, a lo largo de la ruta comercial litoral entre los mares Báltico y Negro. En ese momento, Quersoneso había sido una ciudad griega durante aproximadamente un milenio. No fue sino hasta siglos después de que se estableciera el estado de Rus de Kiev que comenzó a surgir el estado de Moscovia, con Moscú en su centro. Durante siglos, el área que se convertiría en Rusia estuvo bajo la tutela de los mongoles, y el área que se convertiría en Ucrania estuvo dominada en gran medida por Polonia y Lituania, y las estepas abiertas del sur eran dominio de los tártaros y cosacos itinerantes.

Putin, en sus discursos, se refiere repetidamente a las “tierras rusas históricas” que fueron conquistadas por la Rusia imperial e incluidas en sus dominios y ahora ve la vieja estructura soviética como un pecado capital. Al establecer una República Socialista Soviética de Ucrania, los bolcheviques reconocieron de facto la existencia de una nación ucraniana. Putin ha atacado así a Vladimir Lenin por cometer un profundo error al crear la entidad administrativa ucraniana. En la opinión de Putin, era mejor cuando el zar era la fuente de todo el poder.

Cuando el estado soviético se derrumbó siete décadas después, la historia se repitió, con todas aquellas naciones cautivas que no habían logrado preservar su soberanía declarando su independencia una vez más. En un referéndum el 1ro. de diciembre de 1991, el 90% de los ucranianos, y la mayoría en todas las regiones del país, votaron por la independencia. Incluso en Crimea, donde el apoyo fue más bajo, el 57% votó por una Ucrania independiente. Unas semanas más tarde, la Unión Soviética se disolvió.

Putin dice que quiere “desnazificar” a Ucrania, pero la falta de sentido de esa afirmación debería ser obvia, sobre todo porque el presidente de Ucrania, Volodymyr Zelensky, es judío. Entonces, ¿Cuál es el final del juego de Putin?

La respuesta a esta pregunta es que la verdadera razón de Putin para invadir Ucrania tenga una forma menos pragmática y más alarmante. Putin ha sucumbido a su obsesión impulsada por el ego de restaurar el estatus de Rusia como una gran potencia con su propia esfera de influencia claramente definida.

Putin probablemente tomó una decisión hace meses atrás y preparó esta invasión por mucho tiempo, para luego mover a 190.000 soldados rusos hacia las fronteras con Ucrania.

El mundo debía preguntarse: ¿Qué quiere este hombre? Ahora está claro, Putin anhela la guerra. La próxima pregunta debiese ser: ¿Dónde se detendrá?

Existen especulaciones de que Putin podría estar satisfecho con el control de Donetsk y Lugansk, sin embargo, existen informes confirmando que las fuerzas terrestres rusas habían cruzado desde el este, en dirección a Kharkiv, la segunda ciudad de Ucrania; desde el sur, en dirección desde Crimea hacia Kherson; y desde Bielorrusia hacia el norte, rumbo a Kiev.

Putin codicia toda Ucrania, tal como los informes de inteligencia americanos y británicos han afirmado todo el tiempo. Putin ha dejado de lado el cálculo cotidiano de los riesgos y beneficios políticos y ahora lo impulsa la idea peligrosa y delirante de que tiene una cita con la historia. Si Putin se apoderara de una gran parte de Ucrania, luego no se detendrá para hacer las paces en sus fronteras. No invadirá los países de la OTAN, pero, hinchado por la victoria, los someterá a ciberataques y guerras de información que no alcanzan un umbral de conflicto declarado. Está obsesionado con la alianza defensiva al oeste y está pisoteando los principios que sustentan la paz en el siglo 21.

Putin ahora está tratando de conquistar Ucrania y decapitar a su gobierno, eliminando a sus líderes actuales por cualquier medio e instalando un régimen títere. Con eso, la independencia de Ucrania se extinguirá, como lo ha deseado Putin todo el tiempo.

Putin no puede extinguir la nación ucraniana y es probable que Ucrania se fortalezca aún más en el largo plazo. Y cuando se escriba la historia de este período, Putin será visto como un creador involuntario de la nación ucraniana que tanto deseaba destruir. Ha unido a los ucranianos en el odio a la Rusia que representa.

Putin aparentemente asume que China lo respaldará. Pero aunque lanzó la invasión solo unas semanas después de concluir un acuerdo de alianza con Xi en Beijing, las reacciones de los funcionarios chinos han sido muy distantes con llamados a la moderación. Dada la dependencia casi total de Putin de que China lo apoye para desafiar el orden internacional liderado por Estados Unidos, mentirle a Xi no tendría ninguna ventaja política o estratégica. Eso es lo que es tan preocupante: Putin ya no parece capaz de suponer los cálculos que deben guiar la toma de decisiones de un líder. Lejos de ser un socio igualitario, Rusia ahora está en camino de convertirse en una especie de estado vasallo chino.

Los mensajes delirantes de Putin han alienado a los rusos. Con su asalto bárbaro a Ucrania, ha sacrificado décadas de desarrollo social y económico y ha destruido las esperanzas que los rusos tenían para el futuro. Rusia ahora será un paria global durante décadas.

La historia no ha terminado. Ha entrado en una fase nueva y peligrosa, en la que también estará en juego el futuro del régimen actual en el Kremlin. La fortuna favorece a Zelensky porque posee la virtud que le falta a Putin: decir la verdad a su pueblo.



253 visualizaciones0 comentarios