Los planes fiscales de Biden harán estallar la burbuja económica de Irlanda

Después de años de atraer a las empresas más grandes del mundo con la promesa de impuestos bajos, la economía irlandesa pronto se dirigirá a un territorio desconocido.


Si hay un número que importa más que cualquier otro para la economía irlandesa, es el 12,5%.


“La tasa impositiva del 12,5% nunca ha sido ni será objeto de discusión. No cambiará". Eso dijo Michael Noonon (del partido Fine Gael), ministro de Finanzas irlandés en su discurso sobre el presupuesto de 2014 en Dublín.


La tasa impositiva corporativa de Irlanda se ha convertido en un modelo para las multinacionales, particularmente de Estados Unidos, que han aprendido a buscar en el mercado global las mejores lagunas y tasas impositivas y han tratado a Irlanda como una puerta de entrada a los mercados europeos.


Sin embargo, los planes del rico grupo de naciones de la OCDE han puesto en peligro al 12,5%. El apoyo de la administración Biden a una tasa mínima global del 15% hizo que el cambio fuera inevitable.


Aún quedan muchos detalles por aclarar, pero como la mayoría de los países ya se han adherido, Irlanda es el único que queda en contra de un cambio importante.


El ministro de Finanzas irlandés, Paschal Donohoe (del partido Fine Gael) lidera el grupo de ministros de finanzas de la eurozona y se enfrenta a un difícil acto de equilibrio para lo que ha sido una política revolucionaria para Irlanda, mientras evita que se considere que Dublín socava los esfuerzos globales para nivelar los impuestos del mundo.


Michael McNamara, integrante del parlamento irlandés, comprendió que su país finalmente tendrá que enfrentarse al impacto que tiene su condición de paraíso fiscal en el resto del mundo y sus dichos son fuertes: “Tenemos una imagen de nosotros mismos en Irlanda que podría no ser necesariamente totalmente sustentable en este momento: de ser un país muy orientado hacia el exterior y abierto al mundo, y no un país que efectivamente está comiendo el almuerzo de otras personas, lo cual hemos hecho con el impuesto de sociedades durante mucho tiempo”


La tasa del 12,5% es una insignia de orgullo, orgullosamente estampada en sitios web y literatura que atrajo a las empresas extranjeras a utilizar Irlanda, que ahora se describe a sí misma como "el único país de habla inglesa en la eurozona" después del Brexit, como base para sus actividades en el continente.



Durante la mayor parte del siglo 20, las entidades europeas para las empresas fueron un asunto bastante sencillo. En términos generales, eran fabricantes que buscaban ubicar las operaciones internacionales cerca de la fuerza laboral, los recursos o los mercados que necesitaban. Eso hizo que la tributación fuera un asunto relativamente lógico, y las reglas tributarias globales que se han mantenido durante un siglo se basaron en este principio.


Sin embargo, la nueva generación de empresas de servicios lideradas por la tecnología que surgió hacia el milenio cambió esta dinámica. Con poco interés en las materias primas y la capacidad de atraer mano de obra calificada de todo el bloque, era posible que una empresa se estableciera en cualquier lugar, lo que brindaba a los países una nueva forma de atraer la inversión extranjera.


Irlanda fue un beneficiario clave de este cambio. Con una población pequeña y bien educada, la creación de un entorno de bajos impuestos para actuar como un imán para las empresas americanas en particular se convirtió repentinamente en una palanca política. Los impuestos corporativos se recortaron a principios de siglo, aprovechando su posición como miembro del bloque continental para atraer a las empresas con la promesa de ahorros sustanciales.


La economía irlandesa cosechó los beneficios de este trato y se sacudió del estancamiento de principios de la década de 1990 para aumentar un período de rápido crecimiento que le valió el apodo de "Tigre Celta", al menos hasta que la crisis de 2008 detuvo abruptamente la fiesta. .


Las historias de empresas con bases irlandesas que pagan tasas impositivas asombrosamente bajas se han convertido en algo común. Incluyeron un acuerdo en el que, bajo una ley irlandesa ahora abolida, las empresas podían pagar el impuesto de sociedades del país de su propietario mientras tenían su sede en Irlanda. Esto llevó a que las empresas se establecieran en paraísos fiscales cero en varias islas del Caribe basando sus operaciones en Irlanda y, como resultado, no pagaron ningún impuesto.


En su forma más extrema, esto significó que el gigante tecnológico Apple representó una cuarta parte del PIB de Irlanda en 2017 a pesar de pagar una cantidad bajísima de impuestos. Ese mismo año, Google pudo evitar impuestos corporativos sobre 23 mil millones de dólares de ganancias. Un estudio mostró que una sexta parte de las ganancias corporativas americanas que se trasladaron a países con impuestos bajos en 2015 pasó por Irlanda.


Los pares de Irlanda en la Unión Europea, descontentos con estos acuerdos, han tomado medidas en los últimos años para obligar a Dublín a cerrar varias de estas lagunas. Las relaciones no siempre han sido fáciles, con Dublín y la Comisión Europea enfrentándose mutuamente después de que Bruselas ordenara a Apple pagar 13.000 millones de euros en impuestos no pagados entre 2004 y 2013 a Irlanda.


La situación fiscal ha creado una economía dual en Irlanda, con fuertes inversiones que disfrazan las debilidades de la situación interna subyacente donde la pandemia puso al descubierto este episodio. Irlanda fue la única economía de la Unión Europea que se expandió durante 2020, con un crecimiento del PIB del 3,4% a pesar de los estragos de la pandemia. Pero esa cifra fue un espejismo, reflejando principalmente esta fuerte concentración de actividad internacional. La realidad subyacente fue un duro golpe para la economía nacional, lugar que la gran mayoría de las utilidades corporativas en Irlanda provienen de empresas americanas.


El atractivo de los acuerdos fiscales favorables de la economía irlandesa ha producido que los salarios y el empleo se hayan concentrado altamente en los sectores que reciben la mayor inversión extranjera. Las estimaciones del Ministerio de Finanzas irlandés sugieren que las nuevas normas fiscales podrían costarle al país entre 2.000 y 3.000 millones de euros al año, lo que equivale a hasta una cuarta parte del impuesto de sociedades que obtuvo el año pasado, con una gran parte de los cuales provienen de gigantes mundiales como Pfizer y Google.


Los analistas estiman que es un golpe que Irlanda pueda soportar, aunque con dificultades. Muchos dicen que Dublín debería simplemente subir su tasa al 15% y esperar que las empresas que ahora tienen raíces en el país, sigan en este territorio.


Su lógica es que sea probable que un aumento le cueste a Irlanda algunos negocios perdidos en el futuro, pero no provocará un éxodo repentino. Sin embargo, la caída de la inversión que podría conllevar tendría un alto precio en un país que ha dependido de la afluencia de capitales extranjeros.


Anna Guildea, del Centro Europeo de Economía Política Internacional de la University College Dublin (1), advirtió que la economía irlandesa podría dirigirse hacia un territorio inexplorado y agregó: "Si los planes fiscales de Biden siguen adelante, Irlanda no podrá depender de la inversión extranjera para inflar el PIB y aferrarse a una retórica de recuperación”.


Durante años, el favor de los grandes titanes corporativos globales ha ocultado las grietas económicas de Irlanda. Los planes fiscales de la OCDE corren el riesgo de revelar lo que realmente existe en la isla.

(1) https://ecipe.org/






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