Podemos impulsar la eficiencia energética con sistemas de gestión para lograr ahorros tangibles

Desde el siglo 18 se ha transformado el 45% del territorio del planeta. Hoy, las ciudades ocupan el 2% de todos los continentes y crecen a un 0,25% anual. En el último siglo, la población se ha cuadruplicado y continúa creciendo un 1% cada año y el consumo energético y de agua por persona se ha multiplicado por 20. Los científicos nos alertan comentando que hemos sobrepasado la capacidad de carga de la Tierra.

La idea es que hoy no somos más ricos porque tengamos más autos, sino más pobres porque tenemos menos selva amazónica.

Del megavatio al 'negavatio': la energía más limpia es la que no se consume. Hace veinte años, nació el "negavatio", una unidad de medida que cuantifica la potencia ahorrada en un proceso gracias a una tecnología o a un comportamiento, y corresponde "en negativo" al vatio. Una de las claves de la transición energética que debe llevarnos hacia una economía neutra en carbono. Y por eso es tan importante promover el concepto del "negavatio": es decir, del vatio ahorrado; el que se resta al consumo mediante el uso eficiente de la energía.

No importa el sector que analicemos, desde el industrial hasta el doméstico; más que consumidores somos derrochadores de energía. Según el World Energy Council (Consejo Mundial de Energía), el 30% de la energía que se genera en el mundo se desperdicia debido a su uso ineficiente.

La esencial reflexión que origina al megavatio tampoco es revolucionaria y se sustenta en una mirada que no se opone sino que corre en paralelo a la artificialización a la que es tan dado el ser humano. Es la que reconoce que los ciclos y espacios naturales no son un enemigo al cual enfrentar, uno que atenta contra nuestra vida y confort, sino un aliado desde la perspectiva del buen y armónico vivir.

Muchos miles de “negavatios” provienen de la implementación de modernizaciones de proyectos con iluminación LED y de la construcción de oficinas con bajo consumo energético. El entusiasmo en la eficiencia energética resuelve el aumento de los costos de energía y el cumplimiento de normas hacia una tecnología más económica, lo que finalmente significa retornos de la inversión más cortos por año.


La inteligencia artificial podría ser el nuevo guardia de la energía en los lugares de trabajo, lo que permitirá el análisis en tiempo real del uso de energía unido a datos sobre producción u otras métricas. La inteligencia artificial avisaría instantáneamente a las personas cuando se esté desperdiciando energía para luego tomar las medidas directas y reducir el consumo.

Las cadenas de bloques o blockchain podrían ayudar a crear un registro preciso de las transacciones de energía. Con el auge de las microredes y las fuentes de energía renovable distribuida, como los paneles solares en los techos de oficinas y bodegas, las empresas podrán vender su exceso de energía con un alto grado de autonomía. Los servicios públicos podrían volverse más eficientes al equilibrar la oferta y la demanda en tiempo real, involucrando a los productores y sus datos de blockchain. Los compradores de energía también podrán actuar con mayor autonomía a un menor costo y compromiso de tiempo. La combinación de múltiples tecnologías es fundamental para el futuro de la eficiencia energética.

La recuperación de calor debiese transitar hacia una iniciativa donde existan muchos esquemas para recuperar el calor y luego pueda ser distribuido a través de las redes, lo que nos permitirá contar con una calefacción eléctrica más eficiente de una red cada vez más ecológica, en lugar de combustibles contaminantes. Las normas de construcción también podrían modificarse fomentando un mayor uso de bombas de calor geotérmicas y de aire.

Una de las mayores barreras para la eficiencia energética empresarial es el financiamiento, especialmente para las pequeñas y medianas empresas. Reducir las facturas de combustible no es tan atractivo como invertir en otra actividad, pero los efectos pueden ser sorprendentes.

El almacenamiento de energía se está volviendo más realista para la industria a medida que se reducen los costos de las baterías y sumado a que la generación de energía en el sitio; las empresas podrán ser cada vez más autosuficientes y administrar su propio suministro. La flexibilidad energética es clave. El almacenamiento podrá acelerar la adopción de energías renovables como la solar y la eólica y al mismo tiempo ayudar a las empresas a nivelar la variación en los precios de la energía cuando ocurre un aumento en la demanda.


La digitalización de las empresas y una mejor recopilación de datos energéticos impulsarán la eficiencia futura. Los conocimientos basados en datos tienen el potencial de iniciar un mejor comportamiento humano en el futuro. Sin embargo, el uso generalizado de medidores inteligentes ha generado pocos cambios. El hecho es que muchos son básicos y no tan inteligentes. Es una materia que debe evolucionar.

Nunca ha habido un momento más importante para la historia para generar las conversaciones y conexiones que asegurarán nuevas posibilidades de una mejor energía para todos en el futuro. Es necesario encontrar mejores soluciones energéticas para las personas y el planeta, pero no son sencillas. Requieren de nuevos modelos de desarrollo humano y económico, y un cambio de mejoras incrementales a estrategias de transformación que funcionen más allá de las fronteras, sectores, que involucren a todos los niveles de la sociedad y que traten más de un asunto a la vez.

En tiempos de crisis, lo que más afecta a las personas es la incertidumbre en torno a lo esencial. Para humanizar la energía, debemos ser capaces de prever las crisis y comprender cuáles son los puntos de mayor impacto. Esto debe ser un aprendizaje clave de nuestra respuesta global a la pandemia y, en un contexto energético, debemos incorporar la resiliencia de la equidad para que las futuras crisis puedan gestionarse con un menor impacto social y económico en todas las regiones y geografías.


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