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Una gran divergencia para las economías mundiales post COVID-19

A diferencia de una pandemia que pone en riesgo tanto a ricos como a pobres, el tipo de crisis económica que se está gestando actualmente en gran parte del mundo en desarrollo no es fácil de ignorar.

El mundo está actualmente paralizado por la segunda ola de la pandemia del COVID-19 que se extiende por muchas regiones, especialmente en Asia, África y América del Sur. Estamos centrados en la crisis de salud pública y corremos el riesgo de pasar por alto los problemas económicos relacionados con la pandemia que podrían afectar a los países en desarrollo mucho después de que la ola haya retrocedido.

A nivel mundial, el Fondo Monetario Internacional advirtió sobre la generación de una gran divergencia donde los países ricos se recuperan con fuerza mientras que otras naciones van a ser derrotadas. La evidencia reciente sugiere que varias economías avanzadas, como Estados Unidos y algunos países en desarrollo, como Vietnam y Tailandia parecen estar saliendo de la crisis y podrían crecer más rápido que antes de la pandemia. Pero es probable que muchas economías emergentes y países de bajos ingresos caminarán con muchos obstáculos durante mucho tiempo.

Una gran divergencia es visible incluso dentro de las economías. La pandemia ha castigado a sectores como la hotelería, los viajes y el turismo, y ha impulsado a otros como el farmacéutico, las plataformas digitales y la tecnología de redes.

A diferencia de una pandemia que pone en riesgo a países ricos y pobres por igual, el tipo de crisis económica que se está generando actualmente en gran parte del mundo, no está afectando a las economías con recursos y, por lo tanto, no genera titulares y es fácil de ignorar. Efectivamente, la evidencia de problemas está comenzando a acumularse. Las economías emergentes de todo el mundo se enfrentan a un aumento de la deuda y algunas, como Zambia y Argentina, ya han incumplido sus pagos. En 2020, la economía de América Latina se contrajo un 7,7%

Filipinas y la India recibieron impactos aún mayores, registrando tasas de crecimiento del -9,5% y -9,6%, respectivamente. Y el Banco Mundial estima que la pandemia puede haber empujado a 40 millones de personas en África a la extrema pobreza.

La ola actual del COVID-19 que comenzó en India se hizo perceptible solo a fines de marzo 2021. Aunque todavía no se dispone de datos sobre su impacto económico, la evidencia muestra un panorama sombrío. Según el Centro de Monitoreo de la Economía India, los siete millones de empleos perdidos en abril hicieron que la tasa de desempleo nacional subiera al 8%, desde el 6,5% en marzo. Además, el desempleo juvenil en India ya alcanzó un máximo histórico del 23,75% en el 2020. Los informes de cadáveres arrojados al río Ganges y lavados en pequeños pueblos y ciudades de la India indican la trágica gravedad. Pero también son señales reveladoras de una crisis económica que se avecina. Para los hindúes, no poder adquirir leña y encontrar espacio para incinerar a los muertos es una situación desesperada. Solo en casos de extrema pobreza abandonarían este esfuerzo y arrojaran cadáveres al río.

Si vemos el problema tanto a nivel micro como internacional, especialmente con las vacunas COVID-19, observaremos que muchos países ricos han comprado suficientes dosis para asegurarse abundantes existencias que van mucho más allá de sus necesidades básicas y los países en desarrollo se quedan sin acceso a estos suministros.

Hay mucho que hacer y las organizaciones multilaterales como el Banco Mundial, el FMI y el G20 deberán actuar con rapidez para crear amortiguadores de políticas y ayudar a coordinar el apoyo a todas estas naciones; de lo contrario, la amenaza económica que se avecina hoy serán las noticias de primera plana de cada mañana.



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