Xinjiang, H&M, minoría uigur; todos en el mismo saco

La respuesta antagónica de China a las preocupaciones sobre el uso del trabajo forzoso en Xinjiang sugiere que sus líderes creen que el mercado chino es demasiado lucrativo para que las empresas occidentales lo abandonen. Puede que estén exagerando.

A principios del mes pasado el Congreso Nacional del Pueblo aprobó oficialmente el decimocuarto plan quinquenal del país. Se suponía que la estrategia demostraría que China tiene una visión económica a largo plazo que le permitirá prosperar, a pesar de la competencia geopolítica del país con Estados Unidos. La pieza central de este plan es la estrategia de circulación dual, según la cual China apuntará a fomentar el crecimiento basado en la demanda interna y la autosuficiencia tecnológica. Esto no solo reducirá la dependencia de China de la demanda externa; También aumentará la dependencia de sus principales socios comerciales, excepto Estados Unidos, del acceso a su mercado y de las manufacturas cada vez más de alta tecnología.

China ha estado sentando las bases para esta estrategia durante un tiempo. A fines del año pasado, el presidente Xi Jinping concluyó el Acuerdo Integral de Inversión con la Unión Europea. Tuvo que hacer algunas concesiones, pero valió la pena: el acuerdo tenía el potencial no solo de profundizar los lazos entre la Unión Europea y China, sino también de abrir una brecha entre Europa y Estados Unidos.

Pero antes de que se secara la tinta del sello del Acuerdo Integral de Inversión, China ya había comenzado a sabotear las posibilidades de éxito del plan. Xi ahora está socavando su propio buen trabajo, al envenenar las relaciones con socios comerciales críticos. Durante las últimas semanas, China ha incluido en la lista negra a varios miembros del Parlamento Europeo, legisladores británicos y canadienses y académicos e instituciones de investigación en Europa e Inglaterra.

Sin duda, las sanciones fueron respuestas a las sanciones de la Unión Europea, Inglaterra y Canadá a un pequeño número de funcionarios chinos implicados en continuos abusos contra los derechos humanos contra la minoría uigur, mayoritariamente musulmana, en la provincia de Xinjiang. Si bien estos abusos no son nada nuevo, los informes recientes de que se está utilizando el trabajo forzoso uigur para cosechar algodón los han puesto en primer plano.

China está sancionando a sus críticos para mostrar su indignación por estas acusaciones e insiste en que son mentiras políticamente motivadas.



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